UN CASTING INOLVIDABLE

Carolina Torralbo Cortés

Después de unos minutos, uno de ellos le dijo que se tenía que ir con su primo pequeño, Abel, así que se despidieron y cortaron la conversación. Ya Marta no sabía con qué entretenerse, pues no tenía nada que hacer. Y mientras pensaba algún juego, se puso a ver la televisión. 

  En ese momento su madre recibió un mensaje sobre un casting que se iba a realizar en el colegio durante las vacaciones para que al comienzo del curso escolar representar una obra de teatro llamada “El club de los mejores” con los alumnos elegidos, es decir, los que mejor interpretaban, y como a ella le gustaba mucho todo este rollo del teatro decidió decírselo a sus padres y apuntarse. 

  A ellos les pareció buena idea así que investigaron en la web del colegio de Marta, llamada “www.elcolegiomasdivertido.com”. Allí vieron que había diferentes castings: uno para una niña llamada Sofía que era muy presumida, otro para un chico llamado Mateo, que era el más listo y siempre lo sabía todo; y por último, para un niño y una niña que hicieran de gemelos llamados Alejandro y Alejandra. 

  Marta estaba muy indecisa, no sabía si quería ser Sofía o Alejandra, así que le pidió opinión a su hermano, y este, como siempre decía que Marta era muy presumida, tenía que hacer de Sofía. Como le hizo caso, estuvo ensayando cómo ser presumida, aunque la verdad es que, como decía su hermano Javier, no le costaba mucho porque ella era un poco así. En fin, estuvo dos días seguidos practicando, mientras en su barriga revoloteaban las conocidas mariposas de los nervios. 

  Por fin llegó el gran día en el que en “El colegio Más Divertido” iba a celebrar el casting al que sesenta y cinco niños se iban a presentar, siendo Marta uno de ellos. Ella estaba muy nerviosa pero su lado más egoísta le dijo: “Marta, ¿por qué estás nerviosa? Tú eres la mejor actriz. Seguramente, hasta cerrarán el casting después de escucharte. Tú sabes que las demás personas que se presenten no van a ser mejor que tú. Ni la actriz de la mejor película y serie del mundo te superará en tu perfección a la hora de actuar.” En ese momento se sintió bastante decidida y le dijo a su madre que ya se iba a ir al colegio. Estaba preparada. 

  El casting abría sus puertas a las cinco de la tarde, aunque Marta y más niños estaban ya allí desde las cuatro y cuarto. Todos, en la cola, estaban inquietos, con el papel del guion en una mano. Mientras Marta estaba realizando su texto, se encontró con algunos de sus amigos y con muchísima coincidencia resultó que cada uno quería representar un papel diferente, por supuesto, todos querían ser elegidos. 

  Quince minutos después, mientras esperaban, empezaron a hablar con una niña de un curso inferior llamada Carla, la cual era una niña muy amable y humilde que siempre que podía ayudar a los demás se dejaba la piel hasta sentirse satisfecha. Se hicieron muy buenos amigos y estuvieron todo el tiempo hablando. Las dos eran muy parecidas. La única cosa que las diferenciaba en ese momento era que Carla estaba nerviosa y Marta no. Esta estaba muy motivada y se sentía superior a los demás. 

  Entre su conversación Carla le preguntó a Marta si pensaba que tenía oportunidades de entrar en la obra. Marta le dijo que para saberlo tenía que verla actuar. En ese momento, Carla se fue levantando para hacerle la actuación a su nueva amiga: pero Marta, antes de dejarla ponerse de pie, acabó la frase diciendo: “… Aunque la verdad no creo que tengas mucha opción, porque yo seguramente lo haré mejor.” A la pobre Carla se le quitaron las ganas de actuar y volvió a sentarse en el trozo de silla donde estaba. Se sintió un poco ofendida pero como era tan afable no le dio mucha importancia. Toda esta conversación que estaban teniendo las chicas la escuchó una señora que era la responsable de ir llamando a los alumnos para entrar a el aula en la que se hacía el casting que por cierto era la clase que estaba al lado de la de Marta. La mujer, se llamaba Anaís y era tan amable, que había ganado el premio de su pueblo llamado “El mejor es el más bueno” que consistía en superar unos retos para saber quién era la persona más caritativa del pueblo. Ella, que había escuchado toda la conversación, se puso en el lugar de Carla y se lo comentó a los demás miembros del jurado, que eran Helena, Araceli, Pedro, César y Leonardo. 

  Pasaron diez minutos y llegó el turno de Marta, esta no estaba nada nerviosa hasta que entró por la puerta y, no solo se puso nerviosa por ver a los jueces esperando sino porque uno de ellos era Leonardo, el profesor que no le caía nada bien. Ella no se lo esperaba para nada y toda esa tranquilidad que tenía se convirtió en las conocidas mariposas de los nervios; y no solo las tenía en la barriga, según ella, tenía aquellos pequeños animales por todo su cuerpo. 

  Aunque ahora mismo pensarás que es una tontería, el maestro Leonardo era, por así decirlo, su punto débil y le daba vergüenza interpretar su papel delante de él; y por eso mismo le salió bastante mal.-Ho-o-o-y-y-y vo-voy a-a i-ir a a la pe-pelu o-osea me-me…- Eso era lo que estaba diciendo pero no pudo acabar de lo mal que lo estaba haciendo. Anaís, que era uno de los jueces, le sonrió y le dijo que no pasaba nada y que ya se podía ir. 

  Marta, decepcionada, notaba como de sus ojos caían lágrimas una a una. No llegó a llorar del todo pero se notaba que no le había salido como ella quería. Al salir, le estaba esperando Carla, que a pesar de lo que Marta le había dicho antes, estaba impaciente e ilusionada por saber cómo le había ido y le preguntó: “¡Marta, Marta! ¿Qué tal? ¿Bien, verdad? Seguro que te ha salido genial ¿Quién había? ¿Es muy grande la clase?”. Carla le hizo un montón de preguntas de las cuales no respondió ni una. Al ver que Marta no hablaba y bajaba la cabeza deprimida, se asustó y le preguntó qué le pasaba, la pobre, siguió sin decir ni una palabra y entonces Carla le puso la mano sobre la espalda cariñosamente y la llevó a un asiento que tenían a su lado para que le explicara todo lo que había pasado. Justo en ese momento salió Anaís y pronunció el nombre de Carla. Esta dijo: “Bueno, Marta, me tengo que ir, luego hablamos ¿Vale? Tranquila, ya vengo.” Suspiró, salió disparada hacia Anaís y entró en la habitación. “Hoy voy a ir a la pelu, osea, me tengo que preparar y ponerme el maquillaje”. Carla, que ya no tenía ninguna esperanza, lo hizo genial y veía que mientras interpretaba a Sofía, los jueces sonreían y la miraban con una sonrisa mientras la escuchaban. 

  Al acabar, Leonardo, Anaís y sus dos de sus compañeros César y Helena se quedaron sorprendidos al ver la destreza que tenía Carla a la hora de hacer teatro. César le dijo que ya se podía ir y se despidió. Al salir, no podía evitar expresar alegría aunque todavía no sabía qué le pasaba a su amiga. Estuvo un rato sentada al lado de Marta hasta que treinta minutos después, consiguió que le contestara, aunque solo le dijo que le había salido fatal. 

  Carla decía que no habría sido para tanto y que seguro que estaba exagerando aunque en realidad, era verdad que le había salido bastante mal. Esperaron alrededor de otros veinticinco minutos hasta que los reunieron a todos en una sala enorme y los sentaron en un gran círculo. Los jueces, al llegar, cogieron seis mesas y seis sillas y se sentaron en el centro del círculo de manera que todos los podían escuchar. Todos los niños estaban muy nerviosos; a Marta, le daba totalmente igual. Estuvieron hablando entre ellos hasta que de repente Helena se levantó y empezó a hablar: “Buenos días a todos y antes de nada queríamos daros gracias a todos por venir y aunque solo pueda haber un ganador, todos lo habéis hecho muy bien. 

  De todas maneras, al final del día de hoy os daremos a todos un diploma. Me imagino que ya todos sabréis que va a haber cuatro premios, por lo tanto vamos a empezar, por ejemplo, por Mateo. El ganador de este chico inteligente es Joaquín Mareros, el ganador de Alejandro es Alfredo Pionos, el de su hermana Virginia Estara y por último el ganador de Sofía ha sido…Carla Denara. Todos empezaron a aplaudir; algunos que no habían podido ganar estaban tristes, pero a los ganadores se le veía una gran sonrisa de oreja a oreja. Los chicos con suerte, se levantaron hacia los jueces y estos les dieron a cada uno el contrato en el que ponía que durante una semana no iban a ser ellos sino una persona diferente. Marta se puso aún más triste aunque no podía evitar sonreír un poco porque su amiga había ganado. Estuvieron aplaudiendo alrededor de diez minutos hasta que Araceli y Helena pidieron silencio a través de un pequeño micrófono sujetado por una de ellas. Cuando ya se escuchaba solamente el ruido del ventilador, Helena, empezó a contarles una noticia de última hora: “Bueno, alumnos y alumnas del Colegio Más Divertido, me acaban de informar de una noticia de última hora. Nuestra compañera Anaís, me ha comentado que por primera vez en la historia de este colegio, va a haber un segundo premio. Os estaréis preguntando de qué será y yo os aviso que os va a sorprender; el premio se llama: “El Premio Al Grupo De Personas Más Bondadosos Del Colegio”. Tiene un nombre un poco largo, pero según lo que me han contado creo que será un buen regalo. Las dos personas que han ganado este premio son… Carla Denara y Marta Atana”. Empezaron de nuevo los aplausos. “¿Qué? ¿Yo?”-Dijo Marta mientras se levantaba. “Si, si tú y yo”. Respondió Carla mientras en su cara se veía reflejado el sentimiento de que te hayan regalado un viaje o por lo menos de ver a tu ídolo. Las dos amigas, por supuesto ilusionadas, fueron corriendo hacia el centro del círculo de manera que Carla cogió su segundo premio y Marta cogió el primero. El primero, pero el más bonito de todos, no solo era bonito el diploma con la decoración, sino era aún más bonito lo que veía Marta a través de sus ojos: veía como sesenta y tres niños y niñas le aplaudían, entre ellos unos con sonrisa alegrándose de ellas y otros un poquito tristes por no haber ganado. 

  En fin, Marta veía sonrisas en los niños, también veía seis profesores de su colegio sonriendo mientras ella y su nueva amiga recogían juntas un premio por aprender a no ser egoístas.   Gracias a ese día, dos niñas tuvieron una nueva amiga encima y por si fuera poco, una de ellas había aprendido una cosa nueva. Acabaron el día genial en busca de vivir más experiencias. 

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